Cada año, al llegar el otoño, es habitual observar un aumento de la caída del cabello. No se trata de una anomalía, sino de un fenómeno fisiológico bien documentado: el cabello sigue un ciclo de crecimiento (anágena, catágena y telógena) que se sincroniza, en muchas personas, con los cambios estacionales. Tras el verano, una proporción mayor de folículos entra en fase de reposo y caída, lo que se traduce en una caída estacional más visible durante varias semanas.